viernes 19 de junio de 2009
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Este blog está destinado a delinear la historia y proceso de la Literatura Venezolana, enfatizando la que se produce en la segunda mitad del siglo XX. Se darán a conocer autores, obras, críticos. Y se asumirán temas como los derechos de autor y referidos a la lectura y la escritura, a la luz de nuevas tecnologías. Como toda antología, y eso es en parte, es subjetiva.
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Pienso enarbolarte la nocheNéstor Rojas (El Tigre, Estado Anzoátegui, 1961), es, a no dudarlo, uno de los poetas venezolanos menores de cuarenta años más prolíficos de las últimas dos décadas de producción literaria nacional. Ya cuenta en su haber con casi una docena de libros publicados en menos de diez años. La reseña que ocupa mi atención en estas breves notas pertenece a su último poemario intitulado Hexagramas del vértigo (Fondo Editorial del Caribe, 1997).
Ciertamente, Hexagramas…, desde su estructura formal, arquitectónica, sorprende al lector por su disposición de los caracteres textuales. El poemario, treinta y nueve textos en total, es un largo díptico de apasionado lirismo donde los referentes temáticos se organizan sobre la tetralogía cosmogónica de los presocráticos: Aire, Tierra, Agua y Fuego; fiel a los elementos fundantes de lo que el propio Platón denominó "relación micro-macrocósmica", el creador de Hexagramas del vértigo postula una espléndida ars poética en la que la herida de la memoria drena un río de recuerdos enternecedoramente lacerantes de presencias ausentes a la manera del fluvial Heráclito de Efeso.
Néstor Rojas es, en mi opinión, un bardo de la desgarradura. En los Hexagramas…, los pájaros "cantan en pajarísticos" (el hermoso canto de la página) pero el poeta traduce su música a un idioma de terca aridez, de ansiosas mieles, penas y acechanzas deseantes y, por furtivos raptos de extrema lucidez, de desolaciones ontológicas. Este poemario que Néstor Rojas entrega a sus lectores es un verdadero estallido de sensibilidad estética. Arte puro de la palabra es. En él se reconcilia una "casa vacía con una flor en la mesa y un rumor de hojas" y unos pasos que huyen apresurados hacia no se sabe dónde que bien pueden ser los de usted o los míos.
El lector que aborde la lectura desprejuiciada de estos perturbadores hexagramas sentirá, con pareja gratificación, la proliferación exultante de tersas imágenes eróticas sin hacerle concesiones verbales a estructuras sintáctico-semánticas procaces o psicalípticas. Pero tampoco hay pudibundez pacata y gazmofia en estos textos.
Sorprende la alquimia verbal de la cual se vale el poeta para recrear las pulsiones libidinales que celebran los amantes "inventados" por la prodigiosa imaginación lírica de este escritor. En este sentido, también —por paradójico que parezca— Néstor Rojas celebra la fiesta de los sentidos instaurando una singular sensualidad en donde la femineidad es exaltada hasta la idolatría imponiendo una cierta religiosidad de lo amatorio. A modo de lacónica confitura:
el dominio
como cálida miel
en tu boca, breve torrente
cayendo, vibrando
y es la brasa encendida que deslumbra.
Todos los textos poéticos que conforman los Hexagramas… se pueden leer a manera de bustrófedon, casi palindrómicamente; igual hechizan vistos (leídos) de aquí para allá y viceversa. Como si una impronta rayuelesca guiara la sinuosa escritura del poeta. Es justo festejar el advenimiento público de este largo y sostenido canto poético que nos regala Néstor Rojas cual heraldo del
verbo solar.
___________________Rafael Rattia. Historiador. Ensayista
"Y era mi mirada una culebra apuntada entre zarzas de pestañas, al cisne reverente de tu cuerpo. Y era mi deseo una culebra glisando entre los riscos de la sombra a la estatua de lirios de tu cuerpo!"
(Delmira Agustini, Uruguay, 1886-1914)
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